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Aspersores de riego: cuál elegir y cómo colocarlos

Un aspersor no se elige por lo lejos que llega, sino por si su alcance encaja con los de al lado. Ahí está casi todo el problema.

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¿Qué aspersor necesito para mi jardín?

La respuesta corta: difusores emergentes en superficies pequeñas y de forma irregular, turbinas en superficies grandes y despejadas. Y aspersores de impacto o sectoriales cuando el agua no es limpia o no hay una red enterrada. Los tres riegan césped; lo que cambia es el radio que cubren, la presión que necesitan y la rapidez con la que sueltan el agua.

El error más habitual no es comprar el modelo equivocado, sino mezclar tipos en el mismo sector. Un difusor suelta el agua mucho más deprisa que una turbina. Si comparten programa, la zona del difusor se encharca mientras la de la turbina sigue seca.

Los tres tipos, comparados

Difusor, turbina y aspersor de impacto: qué cubre cada uno y qué pide a cambio.
Difusor emergenteTurbina (rotor)Aspersor de impacto
Alcance típicoCorto: pocos metrosMedio y largoMedio y largo
Presión que necesitaBajaAltaMedia-alta
Velocidad de aplicaciónAlta: moja rápidoBaja: reparte despacioBaja
Tolera agua con partículasMalRegularBien
Dónde encajaParterres estrechos, esquinas, jardines pequeñosCéspedes amplios y despejadosPozo, depósito, riego provisional
RuidoNingunoBajoEl clásico «tac-tac»
Coste relativo por unidadEl más bajoEl más altoIntermedio

A esos tres se suman los microaspersores, que son otra cosa. Mojan un radio muy pequeño a presión baja y sirven para semilleros, macetas grandes y zonas de plantación densa, no para césped.

El solapamiento: la regla que casi nadie aplica

Un aspersor no reparte el agua de forma uniforme dentro de su círculo: moja mucho cerca y poco en el borde. Por eso la norma de instalación es el solape cabeza con cabeza: cada aspersor tiene que llegar hasta el aspersor de al lado, no hasta la mitad del camino.

Parece derroche y no lo es. Si los separas a la distancia justa del alcance, los bordes de los círculos se tocan pero no se pisan. Y ahí aparecen las calvas en forma de anillo o de triángulo que luego se atribuyen a la semilla o al abono. Un solape correcto reparte lámina uniforme y permite regar menos tiempo.

La comprobación es doméstica: reparte varios vasos o botes rectos por el sector, riega diez minutos y mide el agua de cada uno. Si unos tienen el doble que otros, el problema es de colocación, no de programación.

Presión y caudal mandan sobre el catálogo

Cada aspersor tiene una presión de trabajo y un consumo. Si la presión de tu toma está por debajo, la turbina no gira bien y el chorro cae corto. Si está muy por encima, el agua se pulveriza en niebla y el viento se la lleva antes de tocar el suelo.

El caudal disponible decide cuántos aspersores caben en un sector. Se mide fácil: llena un cubo de volumen conocido con el grifo del jardín abierto a tope y cronometra. Después suma el consumo de los aspersores previstos y comprueba que no pasa de ahí, dejando margen. Si no da, parte el riego en dos sectores con su electroválvula y riega por turnos, que es exactamente para lo que existen los sectores.

Emergentes o de superficie

El emergente vive enterrado y sube solo cuando entra el agua. Es la opción para césped, porque el cortacésped pasa por encima sin tocarlo y no hay nada con lo que tropezar. A cambio exige tubería enterrada y una instalación pensada antes.

El de superficie, sobre pica o sobre trípode, se pone y se quita. Es lo razonable en un césped recién sembrado, en una zona provisional o cuando todavía no está claro el diseño definitivo del jardín. Lo malo: estorba, se desplaza y hay que recogerlo para segar.

Cuándo el aspersor no es la respuesta

La aspersión moja toda la superficie, incluida la hoja y la tierra donde no hay nada plantado. Para setos, arbustos, frutales, huerto y macetas eso es tirar agua y favorecer hongos: ahí va goteo. En jardines muy estrechos o con caminos y muros cerca, un aspersor riega tanto el pavimento como la planta. Y conviene un difusor con boquilla de sector ajustable o directamente otra solución.

Y la hora importa tanto como el aparato: regando al mediodía se evapora una parte importante del agua antes de llegar al suelo. Y regando de noche cerrada la hoja pasa horas mojada. La madrugada es el punto intermedio.

Mantenimiento mínimo

Los aspersores fallan casi siempre por lo mismo: boquilla sucia, cuerpo desnivelado por el paso del cortacésped o del tráfico de pies. Y tobera girada respecto al sector que tenía asignado. Revisarlos una vez en primavera, con el sector funcionando y mirando de verdad hacia dónde tira cada uno, evita la mayoría de las calvas del verano.

Donde hiela con regularidad, además, hay que vaciar la instalación antes del invierno: el agua retenida en el cuerpo del aspersor lo parte al congelarse.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos aspersores necesito por metro cuadrado?

No se calcula por superficie sino por alcance y solape: cada aspersor debe llegar hasta el de al lado. Dos aspersores de largo alcance bien colocados cubren mejor que cuatro mal repartidos, y el caudal disponible es lo que limita cuántos pueden funcionar a la vez.

¿Puedo poner difusores y turbinas en el mismo sector?

No conviene. El difusor aplica el agua mucho más rápido que la turbina, así que con el mismo tiempo de riego una zona queda encharcada y la otra seca. Van en sectores separados, con su propio programa.

¿Por qué mi aspersor riega corto?

Lo habitual es presión insuficiente (demasiados emisores abiertos a la vez en el mismo sector) o una boquilla parcialmente obstruida. Merece la pena comprobar primero cuántos aspersores están regando simultáneamente antes de cambiar el aparato.

¿Sirven los aspersores para regar el huerto?

Mojan la hoja y la superficie entera, lo que desperdicia agua y favorece las enfermedades fúngicas. En huerto y plantación lo adecuado es el goteo; los microaspersores solo tienen sentido en semilleros y germinación.

Fuentes

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